En la vida nos enfrentamos constantemente a la muerte. La muerte física como una posibilidad para todos o como una realidad para algunos de nuestros seres queridos; y la muerte simbólica entendida como un cierre de ciclos o la terminación de procesos.

Es entonces esa constante presencia la que nos hace en la mayoría de los casos temerle y evitarla a toda costa. ¿A cuántos nos cuesta cerrar ciclos y soltar, aun sabiendo que ya se han terminado? ¿Qué tanto nos apegamos a esa relación, trabajo o persona, que se nos hace muy difícil pensarnos la vida sin ellos?

Pues la realidad es que en una vida en donde lo único constante es el cambio y el fluir de las cosas, vivimos enfrentándonos día a día a la muerte como un proceso que no solo debe verse de manera negativa, sino que es un hecho, en el caso de la muerte física, que nos permite un crecimiento constante y que principalmente nos hace valorar cada decisión que hace que construyamos día a día nuestra propia existencia.

Podemos visualizar cada cierre (muerte simbólica) como una oportunidad de crecimiento, de cambio y de creación de nuevos modelos adaptativos de nosotros mismos ante circunstancias y situaciones diferentes que nos ponen a prueba, pues estos cierres no significan más que un nuevo comienzo y una apertura a un millón de posibilidades nuevas.

Bajo este marco teórico, la Fundación Carlos Vallecilla Borrero realizó el primer taller sobre duelo en la Granja La Lya, en el que se buscó resaltar la importancia de este proceso y aquellas cosas que lo hacen más difícil, con el fin de generar cierres y ciclos más sanos y adecuados para el bienestar emocional.

Es así como en el taller se tuvo la oportunidad de rescatar la importancia de 4 factores claves para transitar por los procesos de duelo: el perdón, la culpa, el apego o costumbre y la inexpresividad.

Todos ellos como aspectos que nos habitan y que en estos procesos se convierten en una carga que muchas veces no nos permite cerrar y soltar o nos hace más difícil y doloroso el transitarlos.

Es por ello que es importante que nos preguntemos constantemente: ¿Qué debo perdonar o perdonarme? ¿Qué culpas cargo en mí y que necesito soltar? ¿Estoy tan acostumbrado a algo/alguien que me resisto a los cambios? ¿Aprovecho mis posibilidades de expresar lo que siento?

La muerte y la vida son dos opuestos indivisibles, así como no existiría luz sin oscuridad, aprendamos a vivir con ellos y sacar lo bueno de los dos sin parcializarlos, comprendiendo que la vida se trata de entender los opuestos que nos habitan, pues si la vida fuera eterna y los cambios no existieran, ¿Qué sería lo divertido?

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