Todos los días y a cada momento, la publicidad invita a los seres humanos a ser felices, a través del consumo de productos.

A su vez, frases como “no llores, que eso no duele”, “los hombres no lloran”, “sonríe que así te ves más bonita”, refuerzan desde el hogar estas ideas que tienen gran influencia en la vida psíquica de las personas. Según esta postura, se debe permanecer siempre alegre para lograr ser exitoso y alcanzar la felicidad a cualquier precio.

Pero, contrario a todos estos preceptos, los especialistas opinan que en realidad para sentirse pleno se debe aceptar que en la vida no todo es felicidad ni placer, pues consideran que del dolor y la tristeza, emociones consideradas como negativas, se aprende incluso mucho más que de las emociones positivas como la alegría.

Así lo han revelado también diversos estudios psicológicos, como uno denominado ‘Sentirse mal por estar triste: el papel de las expectativas sociales en la amplificación del estado de ánimo negativo’, el cual fue publicado recientemente en la revista Emotion. Allí, sus autores concluyen que “cuando las personas perciben que los demás piensan que deben sentirse felices todo el tiempo, esto las lleva a sentirse tristes con más frecuencia e intensidad”.

Para hacer frente a este fenómeno, el de pretender obsesivamente ser felices, algunos psicólogos han propuesto el concepto de la emodiversidad, con el cual buscan cambiar la forma en que las personas aceptan y rechazan ciertas emociones.

Dado que como afirma la psicóloga Nathalie Sierra Gaviria, “no es una palabra aún avalada por la Real Academia Española, RAE, podríamos definir emodiversidad como el término que hace referencia a la pluralidad de emociones que el ser humano puede atravesar a lo largo de su vida. Representa entonces la posibilidad de comprender y aceptar que somos un mundo emocional, y que, por lo tanto, se le debe dar un espacio a cada emoción”. En este sentido, aunque sean emociones dolorosas no hay que reprimir ni negar sus efectos.

Para hacer frente a este fenómeno, el de pretender obsesivamente ser felices, algunos psicólogos han propuesto el concepto de la emodiversidad, con el cual buscan cambiar la forma en que las personas aceptan y rechazan ciertas emociones.

Dado que como afirma la psicóloga Nathalie Sierra Gaviria, “no es una palabra aún avalada por la Real Academia Española, RAE, podríamos definir emodiversidad como el término que hace referencia a la pluralidad de emociones que el ser humano puede atravesar a lo largo de su vida. Representa entonces la posibilidad de comprender y aceptar que somos un mundo emocional, y que, por lo tanto, se le debe dar un espacio a cada emoción”. En este sentido, aunque sean emociones dolorosas no hay que reprimir ni negar sus efectos.

En otro estudio llamado ‘Emodiversidad y el ecosistema emocional’, publicado en la revista Journal of Experimental Psychology, uno de sus autores, Jordi Quoidbach, define así el nuevo concepto: “de la misma manera en que la biodiversidad aumenta la resistencia a los eventos negativos, ya que un depredador único no puede destruir todo un ecosistema, la emodiversidad puede evitar que emociones específicas se instauren, sobre todo, las que son más perjudiciales, como el estrés agudo, la ira o la tristeza, y dominen el ecosistema emocional”, comenta.

Desde esta perspectiva, se infiere que una sola emoción sobredimensionada puede afectar la estabilidad psicológica, lo cual puede ocurrir también con el placer y la alegría.

En este sentido, para Sierra, quien habla de diversidad emocional, “mientras una persona no comprenda que debemos transitar por todas las emociones y descubrir qué mensaje desean transmitirnos, no vamos a tener la capacidad de aceptarlas como parte de nuestra vida y de nuestro crecimiento”, explica la profesional.

“Una situación dolorosa y una emoción de tristeza son necesarias para mantener un equilibrio. Comprender que vamos a atravesar por ellas nos dará la fortaleza para superarlas, aprender de las mismas y saber que vendrán muchas más”, agrega Sierra Gaviria, y concluye que, “lograr el equilibrio entre las emociones es la tarea que todos tenemos para vivir una vida plena emocionalmente”.

Corresponde entonces a los adultos comprender la importancia de experimentar las emociones sin prejuicios, así como ayudar a los niños a reconocer su emodiversidad, para que no sufran por la presión de ser felices, fortalezcan su carácter y superen las circunstancias de la vida.

Razones de peso

Para la psicóloga Nathalie Sierra, “entrar en la carrera de querer estar siempre plenamente felices, con buen ánimo o dichosos no es sano por varias razones”:

1. No permite crecer: al negar que somos seres emocionales coartamos nuestra posibilidad de crecer en todo sentido.

Esto quiere decir que sentirnos a plenitud constantemente tendrá como consecuencia no querer salir nunca de esa zona de confort, lo que desarrolla un temor al desequilibrio, puesto que es inevitable que en algún momento de la vida se deba salir de ese lugar de estabilidad.

2. No se desarrolla la resiliencia: que es la capacidad de adaptación frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Por ello, si una persona solo se concentra en las situaciones, pensamientos o emociones “positivas”, perderá la capacidad de poder enfrentarse a las situaciones difíciles en su transitar por la vida.

Además, haciendo una relación con la postura anterior, si no se reconocen las situaciones problemáticas de la vida, tampoco se podrán generar planes de contingencia para superarlas.

3. No habrá empatía: si lo que se busca constantemente es sentir únicamente felicidad, placer y diversión, entonces será imposible reconocer los momentos en que se vivan otras emociones.

No se tendrá entonces la cualidad de compartir y entender a otras personas cuando se sientan tristes, angustiadas, enojadas y frustradas.

Por consiguiente, habrá un error o falencia en la comunicación con los otros, lo cual terminará generando más temprano que tarde serias dificultades para socializar y desarrollar relaciones interpersonales profundas.

4. Se perderá la capacidad de adaptación: las emociones son propias del ser humano desde siempre, porque son fundamentales para lograr adaptarse a las diferentes situaciones que se presentan en la experiencia de vida.

Y esto abarca desde reaccionar frente a un peligro inminente hasta poder ser parte de un grupo en particular o saber qué nos hace bien para ayudarnos a sobrevivir.

En el caso de los niños es importante brindarles la libertad de expresar todas las emociones, de alegría o tristeza. Ya que, si naturalizamos las emociones, los niños podrán sentirse más cercanos a ellas y, después de esto, aprenderán cómo expresarlas sanamente en su entorno familiar y social.

 

Tomado de: El País

Junio 21, 2018 – 11:45 p.m.